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August 17, 2002

Los Países a Favor de la Cacería de Ballenas

Los extremos a los que llegan

Humane Society International

Actualización: En Junio del 2008, Noruega aparentemente exportó cinco toneladas de de carne de ballena minke a Japón a pesar de la restricción al comercio de productos de ballena de acuerdo a CITES.

Desde que la moratoria a la cacería comercial de ballenas por parte de la Comisión Ballenera Internacional (CBI) entró en vigencia en 1986, Japón y Noruega, países a favor de la cacería, han intentado revocarla. De hecho, han mostrado que llegarán a cualquier extremo y que usarán métodos cuestionables para alcanzar su objetivo.  

Explotando portillos de la CBI

Tanto Japón como Noruega han encontrado portillos en la moratoria de la CBI que hacen posible que continúen con sus operaciones limitadas de cacería de ballenas. Un portillo le permite a los países objetar la moratoria y consecuentemente cazar ballenas comercialmente y vender la carne internamente. Esto es exactamente lo que Noruega ha hecho, permitiéndole cazar ballenas minke. Noruega vende la carne y almacena la grasa (que los noruegos no consumen) para su futura venta en caso de que el comercio internacional sea reabierto. Noruega también ha anunciado su intención de reabrir el comercio.

Japón ha podido continuar con su mal llamado programa de cacería científica debido a otro portillo, que permite la cacería de ballenas para fines científicos. Japón ha usado este portillo para cazar a cientos de ballenas minke anualmente y vender su carne y grasa internamente. En el 2000 Japón también añadió a los cachalotes y a las ballenas de Bryde, ambos amenazados, a su lista de cacería.

Pero estos portillos parecieran no ser suficientes para ninguno de estos países. Su meta es una reanudación total de la cacería comercial de ballenas, así que estos dos partidarios de la cacería también están intentándolo a través de otras tácticas.

CITES y la CBI

La moratoria de la CBI a la cacería comercial de ballenas funciona en conjunto con la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES). CITES ha incluido a todas las “grandes” ballenas bajo su jurisdicción en el Apéndice I, el cual prohíbe el comercio de sus productos.

Sin embargo, recientemente Japón y Noruega, insatisfechos con las decisiones tomadas en la CBI, han intentado usar a CITES para forzar a la CBI a cambiar sus políticas. Ellos estiman que si pueden mover ciertas especies de ballenas al menos restrictivo Apéndice II, que permite el comercio de partes de ballena tales como la carne y la grasa, la CBI se verá forzada a ceder a favor de levantar la prohibición a la cacería comercial.

En la reunión de CITES en abril del 2000, Japón y Noruega ofrecieron propuestas para permitir el comercio de partes de ballena de poblaciones específicas de ballenas grises y minke. HSUS no solo cree que las ballenas no deben ser cazadas, sino que además sabe un comercio legal de carne de ballena ocultaría uno ilegal.

Japón y Noruega no pudieron convencer a suficientes países de votar a favor de sus propuestas, pero aparentemente estaban dispuestos a usar tácticas cuestionables. Circuló un rumor de que Japón había comprado los votos de algunos países en desarrollo y durante la discusión de una de las propuestas, un delegado checo reveló que un delegado japonés le había manifestado que en caso de una votación secreta, no sería necesario votar de acuerdo a las políticas de su gobierno.

La diplomacia de la chequera

La reunión de CITES no es la única instancia en que Japón ha sido acusado de intentar influenciar votos. Algunos sostienen que los países a favor de la cacería de ballenas adoptaron como prioridad "arreglar la baraja" en contra de las protecciones a las ballenas ofreciendo asistencia internacional a cambio de votos.

Un artículo del Los Angeles Times de abril de 1997 reportó que, basados en una investigación realizada por su reportero entre los países caribeños, Japón había inyectado más de 77 millones de dólares a los países caribeños de Antigua y Barbuda, San Vicente y las Granadinas, Dominica y Granada, todos los cuales asisten a las reuniones de la CBI. Japón financió elaborados (y en algunos casos, pobremente concebidos) proyectos de pesquerías y otros programas. “Al mismo tiempo, cada país votó consistentemente a favor de Japón y en contra la coalición en contra de la cacería [liderada por Nueva Zelanda, Australia y el Reino Unido] en temas clave en las reuniones de la CBI,” afirmó el artículo.

En la reunión de la CBI del 2000, el ministro de pesquerías de Dominica, Atherton Martin, llegó hasta los titulares alrededor del mundo cuando renunció indignado a su puesto gubernamental, denunciando le que el dijo era “la extorsión abierta de Japón y el uso de sobornos para ganar los votos de los países del tercer mundo a favor de los intereses afines a la cacería de ballenas.” Japón le ha dado a la pequeña isla de Dominica (con una población de apenas 77.000 personas) más de 7 millones de dólares para instalaciones de pesquería desde que se unió a la CBI.

De acuerdo a Martin, “los oficiales japoneses habían visitado al Primer Ministro y habían amenazado con retirar la ayuda para un nuevo complejo de pesquerías si Dominica se abstenía en el tema crítico de los santuarios.” Martin agregó que otras cinco islas (Granada, San Vicente, Santa Lucía, Antigua y San Cristóbal y Nieves) también han “cedido a las mismas tácticas extorsivas de Japón.” Según dijo Martin, “Francamente, [los japoneses] son incansables, muy insistentes y agresivos y creo que muchos de nuestros gobiernos cedieron.”

Noruega también ha repartido dinero. En mayo del 2000, el periódico Dagbladet de Oslo reportó que el ministerio de pesquerías de Noruega había dedicado 200.000 coronas noruegas (aproximadamente 22.278 dólares) en la Junta Europea de Conservación y Desarrollo con sede en Bruselas, la cual realizó cabildeo a favor de la cacería de ballenas de Noruega durante años. Además, Noruega había consagrado 100.000 coronas noruegas (aproximadamente 11.139 dólares) a través de la Alta Alianza del Norte, uno de los principales grupos de cabildeo a favor de la cacería.

Ocultando un mercado ilegal tras uno legal

Si Japón y Noruega tienen éxito en comprar o influenciar los suficientes votos para legalizar la cacería comercial limitada, o al menos el comercio de partes de ballenas, se les facilitaría ocultar cualquier forma de cacería ilegal.

Cuando el comercio de un artículo está totalmente prohibido, es bastante simple vigilar el mercado: cualquier ejemplo de este artículo es ilegal. Sin embargo, cuando existe un mercado legal limitado, la situación se vuelva mucho más confusa para las autoridades. ¿Cómo pueden diferenciar entre productos adquiridos legalmente y productos obtenidos mediante la piratería o el contrabando?

Utilizando identificación por ADN las autoridades pueden verificar muestras de carne del mercado y determinar, con un alto grado de certeza, le especie de ballena de la que proviene. Se ha determinado que carne estudiada al azar en mercados japoneses y etiquetada genéricamente como “ballena” (o “kujira”) proviene de especies protegidas de ballenas tales como la ballena jorobada, la ballena azul, la ballena de aleta y el cachalote. Si la carne de ballena minke fuera la única que los japoneses pudieran vender legalmente, estos resultados indicarían claramente que alguien está cazando ilegalmente especies de ballenas protegidas y introduciendo la carne de contrabando hacia Japón.

Sin embargo, debido a las excepciones permitidas por la CBI, existen varias otras fuentes legales de carne de ballena. La carne de ballenas encalladas o de aquellas que mueren enredadas accidentalmente en redes de pesca, así como la carne congelada y almacenada antes de la moratoria, puede ser vendida legalmente, aun si ésta proviene de especies protegidas. Estas excepciones dificultan la labor de vigilancia para las autoridades de comercio y domésticas. Además, ahora que los japoneses han expandido su programa “científico” de cacería de ballenas para que incluya ballenas de Bryde y cachalotes, ellos pueden afirmar que cualquier muestra encontrada de estas especies es el resultado de cacería científica.

La respuesta es cerrar todos los portillos, prohibir la cacería comercial de ballenas y prohibir el comercio internacional de partes de ballena.


Esta información también está disponible como una publicación impresa. Para obtener una copia de esta hoja de datos, descargue el PDF.

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