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September 24, 2010

Día 3: Equipo de Respuesta de desastres de HSI en México

El equipo rescata animales que han estado atrapados por días

Humane Society International

  • Este hombre regresó por sus pericos. Kelly Coladarci/HSI

  • Los animales sobrevivientes estaban asustados, pero con vida. Monica Pineda

  • El rescate se pone en marcha. Monica Pineda

  • Finalmente a salvo. Monica Pineda

  • En camino a un lugar seguro. Monica Pineda

  • De regreso en el bote de rescate. Omar Sarmiento

  • Atendiendo a los sobrevivientes. Monica Pineda

  • Tras días de incertidumbre, finalmente una sonrisa. Kerri Burns

  • Un gran abrazo, una gran sonrisa. Kerri Burns

Por Kelly Coladarci

Mientras nos adentrábamos en un área que aún se encuentra en gran parte inundada, y completamente inaccesible a pie, un pescador local se convirtió en una enorme ayuda para nuestros esfuerzos al acceder a transportar a nuestro equipo de un lugar a otro en su bote a través de la inundación.

Al atravesar las calles, la devastación se hacía cada vez más obvia cuando veíamos familias caminando con el agua hasta al pecho con la esperanza de poder llevarse las pocas posesiones que les quedaban en sus casas. Muchas veces, todo lo que habían podido sacar de sus casas lo llevaban en una única bolsa.

Ayudando a los animales y a los humanos

Durante nuestra evaluación, encontramos varios perros que se habían refugiado sobre los techos, un decidido pero fatigado perro nadando, usando las pocas fuerzas que le quedaban para llegar a tierra firme, y un caballo y una mula amarradas en una casa, imposibilitadas de escapar de las peligrosas aguas que ya les llegaban hasta el vientre.

Acompañándonos en el bote iban varias personas a quienes aceptamos llevar a sus casas con la esperanza de salvar lo que fuera posible.

Uno de los hombres que nos acompañaba en este viaje iba a su casa con la única intención de rescatar una jaula con sus dos pericos. Las aves se encontraban bien y su dueño estuvo feliz y aliviado de recuperar a sus pequeños amigos.

Otra pasajera en el bote fue abrumada por la devastación y rompió en llanto. Las aguas alrededor de su casa se encontraban a tal nivel que ni siquiera pudo entrar.

Un silencio desolador

Más adelante en el trayecto, una pareja gritaba desde el balcón de su casa para informarnos que durante los últimos dos días, habían oído perros ladrando frenéticamente en la casa de enfrente, Hoy, sin embargo, los ladridos habían cesado y les preocupaba que los perros no hubieran sobrevivido a la inundación. Aparentemente el dueño abandonó la casa antes de la tormenta sin llevar consigo a los perros.

Rápidamente remamos hasta la casa y saltamos del bote hasta quedar con el agua hasta la cintura. Comenzamos a buscar alguna entrada y empujamos el panel de metal que servía de puerta hacia el patio trasero.

Silbamos para llamar a los perros sin obtener respuesta, pero al darle la vuelta a la casa, vimos dos pequeñas, blancas y sucias caritas, asustadas pero con vida. Los poodles abandonados habían subido al punto más alto del patio sobre un montón de piedras y una cubeta que no superaban los 60 sobre 60 centímetros. Parecía que habían estado ahí durante días, atrapados por un árbol caído, que les impedía bajarse.

Subimos rápidamente sobre los escombros y ramas de árboles caídos y pudimos alcanzar a los perros. Al acercarnos, ellos vinieron a nosotros ansiosos, desesperados por escapar de su encierro acuático. Mientras llevábamos a los poodles de regreso al bote a través de las aguas, vimos a un canario en una jaula que colgaba de una de las paredes de la casa. Pudimos rescatar a los tres animales y regresamos hacia el bote y su dueño para abordar lo que se había convertido ya en un bote salvavidas. Los perros estaban muy hambrientos, sedientos y cubiertos de barro de arriba a abajo.

Una nueva vida

A pesar de su agotamiento, parecían perfectamente satisfechos de sentarse en nuestros regazos y besarnos. No estoy segura de si sea posible decir con certeza quién siente una mayor sensación de alegría tras un desastre: el rescatado, o el rescatista que llega a tiempo para ver la emoción y el alivio en los ojos de aquellos a quienes ayuda.

Llevamos a los animales de regreso a tierra firme y los transportamos al refugio local temporal que estaba siendo administrado por veterinarios de la universidad local. Los veterinarios les hicieron un corte de pelo y les limpiaron las orejas. Recibirán atención en el refugio temporal y después serán puestos en adopción.

De no haber estado nuestro equipo patrullando esas aguas, quién sabe qué le habría ocurrido a esos poodles o al perico. Hoy, gracias a la caridad de un pescador compasivo y al oportuno aviso de unos sobrevivientes a las inundaciones, estos animales tendrán una nueva oportunidad en la vida así como la opción de encontrar un hogar apropiado.

Kelly Coladarci es Administradora del Programa de Animales de Compañía para Humane Society International

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