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October 23, 2012

El Largo Camino Hacia la Libertad, Página 2: Un Lugar de Descanso para la Vida Silvestre

Centro de rescate salva miles de criaturas silvestres atrapadas por el tráfico ilegal de vida silvestre

Revista All Animals, Noviembre/Diciembre 2012

  • Un margay fue comprado como mascota para un niño, y luego entregado al centro de rescate cuando la familia comprendió que el felino era silvestre. Kathy Milani/The HSUS.

por Karen E. Lange

En las afueras de la capital de Nicaragua, Humane Society International está haciendo su aporte para ayudar a los animales víctimas de la red de tráfico. Con una subvención del Departamento de Estado de los EE. UU., HSI está apoyando al único centro de rescate oficialmente reconocido en el país que recibe animales confiscados del tráfico ilegal, los rehabilita y los libera de regreso a la naturaleza. Al mismo tiempo, HSI está realizando campañas de educación pública y capacitaciones para funcionarios, policías y soldados para aplicar las leyes en contra de la extracción furtiva de vida silvestre, incluyendo un estatuto del 2005 que impuso penas más fuertes para los delitos ambientales. Los participantes también aprenden a identificar especies protegidas y a manejar animales decomisados de forma humanitaria. (HSI desarrolla programas similares en Costa Rica, El Salvador, Guatemala y Honduras).

El centro de rescate está ubicado contiguo al zoológico nacional en Managua, el cual fue rescatado de la ruina financiera por la directora de la Fundación Amigos del Zoológico Nicaragüense Marina Argüello y su esposo, el veterinario Eduardo Sacasa. En 1996, tras años de guerra civil nicaragüense entre los Sandinistas izquierdistas y los Contras apoyados por los EE. UU., la pareja regresó del exilio en California y Miami. Encontraron al zoológico en problemas y se hicieron cargo. “Amo a mi país, y amo a mis animales,” dice Argüello, quien a pesar de una cirugía en el cuello y dolores de espalda ha mantenido con vida ésta organización, utilizando recursos propios y fondos que logra recaudar del gobierno y otros.

El año pasado, $35,000 en fondos del Departamento de Estado, canalizados a través de HSI, permitieron la construcción de un nuevo grupo de instalaciones para el centro de rescate para que pudiera mudarse de la sede del zoológico y operar independientemente. Existe un área de recepción, una clínica y un cuarto para animales bebés. HSI entregó otros $7,000 para un encierro con malla de dos pisos en el cual los monos y las aves pueden prepararse para regresar al bosque. Casi de inmediato, el centro de rescate alcanzó su límite de unos 500 animales. Cerca de 2,000 pasarían por este en su primer año de operaciones.

Hay un bebé perezoso de dos dedos de nariz rosada escalando muy, muy lentamente sobre la malla de su jaula para examinar a los visitantes con una despreocupada intensidad.

A finales de mayo, bebés nacidos en los primeros meses del 2012 miran hacia el exterior de sus jaulas. Fueron sacados de la naturaleza a sólo días de nacer y por medio de rescates y decomisos, terminaron aquí. Hay pequeños monos aulladores peludos, y búhos pigmeos ferruginosos con plumas en crecimiento, y loros de nuca amarilla juveniles que fueron alimentados con jeringas cuando llegaron hace tres meses, luego de que la policía los decomisara en la costa atl­ántica de Nicaragua. (Estos loros, populares por sus personalidades amigables y su habilidad de hablar, están incluidos como vulnerables en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.) Hay un bebé perezoso de dos dedos de nariz rosada escalando muy, muy lentamente sobre la malla de su jaula para examinar a los visitantes con una despreocupada intensidad.

Más allá del cuarto para bebés, las jaulas que llenan las paredes de los edificios y continúan hacia una gran extensión de pasto albergan una muestra de los animales que componen los ecosistemas de Nicaragua, los cuales contienen el siete por ciento de la biodiversidad del mundo. Algunos, como los loros de nuca amarilla juveniles, terminaron aquí como resultado del tráfico de vida silvestre. Otros son mascotas entregadas por sus dueños: dos kinkajúes de ojos redondos, parientes nocturnos de los mapaches, quienes todas las noches se escapaban de su casa y entraban a las de los vecinos; un par de monos capuchinos de rostro blanco, uno de los cuales se tornó agresivo y mordió a personas; dos zorros grises que terminaron en casas de personas, uno mantenido como perro desde temprana edad; y un margay que una mujer compró para su hijo pensando que era solo un gato doméstico de color inusual, aunque en realidad es una especie de felino silvestre que podría pronto desaparecer fuera de la cuenca del Amazonas. Otros animales fueron llevados con heridas o enfermos o tras ser atrapados por considerarse molestias en los barrios.

Hay una variedad de loros de colores brillantes, cantando, trinando, chirriando. Ocho son lapas preciadas en el mercado de mascotas, guacamayas rojas que se considera requieren el más alto nivel de protección según acuerdos de comercio internacional. El Servicio de Pesca y Vida Silvestre de los EE. UU. propuso este año incluir la subespecie que vive en Nicaragua como en peligro. Eduardo Sacasa dice que no se atreve a liberar a estas aves en ningún lugar excepto en la Isla Ometepe, accesible sólo mediante ferri o barco. El ecoturismo allí ha solidarizado a los residentes con la causa de proteger la vida silvestre.

Hay una tropa de monos araña de cuatro o cinco meses jugando en su encierro de malla, moviéndose fácilmente entre las ramas con sus brazos y piernas y colas prensiles. Un tapir escudriña el suelo. Como parte de su proceso de rehabilitación, el gran animal debe mantener a los monos en sus ramas, que es donde deberán permanecer si quieren sobrevivir en el bosque.

Las jaulas albergan una muestra de los animales que componen los sistemas de Nicaragua, los cuales contienen el siete por ciento de la biodiversidad del mundo.

Al borde de la libertad, los dos monos capuchinos comparten una jaula con otro de su especie que aun no está listo para ser liberado. Pasa mucho tiempo en el suelo de concreto, alejándose de esta pareja más dominante mientras ellos están arriba entre las ramas, seguros de si mismos. El mayor de los dos llego siendo lo suficientemente silvestre como para enseñarle al más joven a cazar y a defenderse. Aúlla para indicarle a la gente que no se acerquen más y luego se estira a través de los barrotes para buscar entre trozos de pepino, zanahoria, sandía, papaya y repollo hasta que encuentra su favorito: banano.

Un puñado de chocoyos y dos loros de nuca amarilla también están en la víspera de su liberación, todos ellos llegados al centro en el 2010 como bebés. Decomisados en una redada en un centro de acopio en Managua, llegaron como polluelos, desnudos, hambrientos y deshidratados. “No tenían ni siquiera plumas. Estaban en canastas, y tenían frío,” dice Tatiana Terán, una joven veterinaria de trato amable que ayuda a Sacasa en el centro. Terán y el resto del personal mantuvieron calientes a las aves bebés y les dieron fluidos y pequeñas cantidades de alimentos utilizando jeringas. Luego de tres meses y medio, las aves fueron capaces de comer por si mismas y las plumas les habían crecido. El personal pacientemente les enseñó cómo usar sus alas. Tras más de un año, fueron capaces de volar plenamente.

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