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October 23, 2012

El Largo Camino Hacia la Libertad, Página 3: Retomando los Bosques

La aplicación de la ley y la educación pública están ayudando a detener el tráfico de vida silvestre y a regresar a los animales a la naturaleza

Revista All Animals, Noviembre/Diciembre 2012

  • Un loro verde, pintado con roseador para que parezca de uno de nuca amarilla más valioso, está a la venta en una carretera en Nicaragua.  Kathy Milani/The HSUS.

by Karen E. Lange

El centro de rescate brinda una manera de restaurar algunas de las especies que han sido reducidas por el tráfico de animales. En parte debido a su tamaño relativo, Nicaragua tiene una importante cantidad de vida silvestre restante comparada con algunos de sus vecinos, pero la eliminación de árboles para granjas (entre 1990 y el 2010, Nicaragua perdió casi un tercio de sus bosques) y la captura de animales para el comercio de mascotas han reducido sus poblaciones de vida silvestre.  El estudio de Lezama sobre loros y pericos mostró una caída de 30 por ciento entre 1999 y el 2004, durante un periodo en el que más de 22,000 aves silvestres fueron exportadas legalmente desde Nicaragua y el país era el mayor exportador de vida silvestre en América Central. Tales datos con frecuencia son difíciles de encontrar y los científicos apenas tienen una vaga idea de cuantas aves quedan en Nicaragua y la región como un todo. Los loros también tienden a reproducirse lentamente; alcanzan la madurez sexual relativamente tarde y tienen pequeños números de crías. Para cuando los expertos obtienen las cifras para apoyar su argumentación por mayor protección, es peligrosamente tarde.

Sin embargo están dándose señales optimistas de que el tráfico de vida silvestre ya no puede darse tan abiertamente y tal vez se está reduciendo. Alguna vez fueron sobre todo funcionarios de MARENA, el Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales de Nicaragua, quienes intentaban detener el tráfico. En el Mercado Oriental de Managua, el mayor mercado del país, los vendedores de vida silvestre los echaron con machetes. Desde el 2003, sin embargo, a MARENA se le han unido el ejército y la policía y la Corte Ambiental de Nicaragua, dice Fátima Vanegas, quien empezó como técnico de MARENA en la década de 1990 y que ahora trabaja como coordinadora regional para el Departamento del Interior de los EE. UU. Hoy, son los traficantes los que se están replegando.

“Se puede ver una clara diferencia,” dice Vanegas.

Una mejor aplicación de las leyes ambientales está sacando a los vendedores de algunos mercados, pero miles de animales extraídos furtivamente todavía son vendidos como mascotas.

En el 2009, la policía realizó una redada a un centro de acopio en Managua, decomisando 80 animales. Un video muestra a oficiales vestidos como un equipo  SWAT de los EE. UU. incursionando en la bodega, donde encontraron dos guacamayas rojas en una bolsa, una jaula llena de loros verdes y pericos, y otra con los dos monos capuchinos. Las comerciantes pasaron tres meses en la cárcel, algo inédito en un país donde los traficantes habían operado previamente con impunidad. Vanegas recuerda el debate público: algunas personas, dice ella, hablaban de como Nicaragua es un país pobre y las dos mujeres no tenían alternativas económicas. Decían que el gobierno debió haber ido tras los peces gordos. Otros sentían que las mujeres obtuvieron lo que se merecían (desafortunadamente esto no las hizo renunciar; una de ellas fue arrestada de nuevo a comienzos de este año).

En el 2011, las redadas finalmente sacaron a la mayoría de los vendedores ilegales de aves del Mercado Oriental. Aquellos que han vuelto son pocos y mucho menos audaces. Durante una visita reciente, un único vendedor escondió una jaula con lo que parecía ser un loro de nuca amarilla. Más adelante, en la obscura y cubierta sección donde se venden animales (palomas, conejos, y pericos criados en cautiverio a $5 cada uno), otro vendedor agarró rápidamente dos del mismo tipo de un puño de aves en una jaula de exhibición, acercándoselos al pecho y escondiendo a los loros. Todo lo demás que se ofrecía a la venta era legal. Mesas de madera vacías señalan lo que una vez fue el centro del tráfico ilegal en el país.

“Han sido años de trabajo,” dice René Castellón, el funcionario de MARENA que está a cargo de aplicar los pactos de comercio internacional. La educación pública ha sido tan importante como la implementación de la ley, dice él, ya que para la mayoría de los nicaragüenses un ave silvestre en su casa es una costumbre de muchas generaciones, no una amenaza al ambiente. “Tu casa no es mi casa,” dice una campaña gubernamental financiada por HSI para cambiar las actitudes de las personas.

Los decomisos de vida silvestre comerciada ilegalmente han aumentado, a más de 1,200 animales al año en promedio, aunque la policía está constantemente falta de dinero para motocicletas, gasolina, dietas y otros gastos. En el 2009, un año record, el financiamiento del Departamento del Interior de los EE. UU. ayudó a la policía decomisar cerca de 2,000 animales. La mayoría de la vida silvestre decomisada va al centro de rescate apoyado por HSI en Managua.

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